Firmat, domingo, 05 de diciembre de 2021
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Interés General | 26/10/2021
Un firmatense es parte del Centro de Coordinación de Respuesta a Emergencias de la Comunidad Europea
“En 2020 quintuplicamos la cantidad de emergencias”
Juan Escalante está radicado en Bélgica desde hace varios años. Días atrás, visitó la redacción de El Correo y relató cómo es su labor en un mundo en pandemia.
En 2012, Juan Escalante decidió hacer un estudio de postgrado en Madrid, allí conoció a quien hoy es su esposa y se instaló en el viejo mundo. Actualmente, está radicado junto a su familia en Bruselas (Bélgica) y es parte del equipo del Centro de Coordinación de Repuesta a Emergencias de la Comunidad Europea.

El descenso de casos de covid, permitió que Escalante pueda venir de visita a Firmat a ver a su familia. En este marco, visitó la redacción de El Correo y contó cómo se transformó su labor desde la llegada de la pandemia, la cual hizo que se quintuplicará la demanda del Centro donde trabaja desde hace varios años.


-¿Cuál es la labor del Centro de Coordinación de Respuesta a Emergencias?
-Lo que hace es coordinar la ayuda que brindan los diferentes países de la Unión Europea a países que son afectados por algún tipo de desastre, incendio forestal, terremoto, inundación, etc; y hoy, por supuesto, una pandemia que, desde 2020, ocupa el 90 % de nuestras actividades.

-¿En qué consiste su trabajo allí?
-Hago diferentes cosas y tengo distintas responsabilidades. Por ejemplo, me encargo de las estadísticas del Centro, cantidad de desastres, cómo respondemos, frecuencia, intensidad de las emergencias. También me encargo de todo lo que es el mapeo satelital, soy responsable, por ejemplo, de que cuando hay un incendio y se activa un satélite europeo, este mire hacia lo que está pasando en la zona afectada y eso les sirva a los bomberos y a la protección civil del lugar para adecuar la respuesta a la situación. Estoy encargado de eso y de algunas cosas más.


-¿Cuándo tiempo hace que está ahí?
-Estoy allí desde hace ocho años, me fui de Argentina en 2012. Me fui a Madrid a hacer un curso de manejo de crisis y emergencias. Allí conocí a mi actual esposa, decidí quedarme y de alguna manera buscar otras formaciones. Hice un Master en Acción Internacional Humanitaria en la universidad de Deusto, en el País Vasco, España. Eso me permitió ir a la Comisión Europea a hacer una pasantía de tres meses, y luego, dos meses después, me contrataron.

-¿Ustedes responden a catástrofes que se dan en todo el mundo?
-Exacto. A nivel mundial. Según las estadísticas, el mayor porcentaje de respuestas es a catástrofes fuera de la Unión Europea. La UE trabajó mucho en el manejo del riesgo de desastres y ha reducido el número de catástrofes. Para entender que es un desastre hay una definición –trabajada y discutida-: se le llama catástrofe cuando las capacidades de respuesta, por ejemplo, del país donde está sucediendo el evento están sobrepasadas, y no pueden hacerle frente a esa situación con sus propios recursos. Ese país se ve sobrepasado por la situación, y entonces pide ayuda internacional.

-Allí se activa la labor de ustedes…
-Así es. Por ejemplo, Argentina envía un e-mail solicitando ayuda de la UE debido a un terremoto. Esa es la llave que abre y activa todo el mecanismo. Entonces, Argentina dirá: “Por ello necesito: carpas para la gente que no puede ingresar a sus casas; comida, esto o aquello”. Se genera una lista con esas necesidades y nosotros la distribuimos a los Estados miembros, que empiezan a ofrecer todo esto, y nosotros coor- dinamos el envío y también enviamos un equipo para coordinar una mejor recepción en el país afectado.

-Geográficamente, esto se coordina desde Bruselas, Bélgica, ¿no?
-Si, desde nuestro Centro.

-Toda Europa confluye allí para dar respuesta a esto…
-Correcto.

-¿El escenario de pandemia transformó el trabajo que venían realizando?
-Fue una modificación cuantitativa y cualitativa. Cuantitativa porque en 2020 quintuplicamos la cantidad de emergencias por año, pasamos de tener 20 o 22, a 102. Y ahora, en 2021 estamos llegando casi a 120. Al principio, en términos de cantidad, fuimos sobrepasados, fue mucha, mucha emergencia. Muchos países pidiendo máscaras, respiradores y otros elementos para hacerle frente al covid. Fue increíble la cantidad de pedidos de ayuda internacional. Luego, cualitativamente, teníamos una estructura armada para responder a distintas emergencias o catástrofes, pero no teníamos una estructura para enfrentar una emergencia de salud pública como esta. Si bien no era nuestro “pan de cada día”, y otra gente hacía esto, pero como el Centro ya tenía una experiencia de trabajo en esto, se puso al Centro en el centro, valga la redundancia, de la respuesta al covid. Fue un cambio rotundo a lo que se venía haciendo, ya que no solo lo transformó, sino que se sumó, entonces, la carga de trabajo fue exponencial.

-¿Cómo fue ese proceso?
-Al principio tuvimos que establecer una organización interna diferente, ya que empezó el teletrabajo obligatorio. Entonces tuvimos que diagramar un trabajo de colaboración entre los que quedaban en la oficina, que eran muy pocos, y los que teletrabajaban para hacer frente a la demanda. Hay una demanda administrativa muy alta. Cuando llega un pedido de ayuda internacional, hay que seguir un protocolo y un proceso, muchas comunicaciones, muchos e-mails y envíos de documentación, y mucha coordinación entre países, en fin. Afortunadamente, nadie del equipo se enfermó. Tuvimos que sumar gente, establecer nuestro propio protocolo para evitar contagios, distribuir la carga de trabajos de una manera diferente. A gente que antes no hacía algo, le tocaba hacerlo ahora. Un poco lo que le pasó a todo el mundo, quizás a otra escala.

-En lo particular, ¿qué le está dejando esta experiencia? Venía planteando que tenía experiencia en manejar situaciones complejas, pero esto fue como una gran ola…
-Totalmente, una ola. Al final, terminamos surfeando la ola; pero al principio, la ola molestaba. A título personal creo que, como pasa casi siempre con las crisis, al principio hay un poco de negación, decís: “esto no es nuestro, no deberíamos estar haciendo esto. No nos encargábamos de esto”. Empezás así, y luego te das cuenta que tenés que hacerlo, que hay que hacer-lo: “te tocó esto, hacelo”. Eso me pasó.

-¿Cómo está viviendo estos días de regreso a Firmat y a Argentina?
-En primer lugar, llegar y estar con mi familia es una felicidad total. Nos habíamos ido de Argentina los primeros días de 2020 con la idea de vernos en mayo de ese año, en España; y de golpe ¡Pum! Casi dos años sin vernos. Entonces, la llegada es una felicidad total, y también la alegría de ver a mi hijo estar con sus abuelos y sus tíos. Eso es lo importante, lo único que vale; lo otro es secundario. Lo otro que me pasó con la pandemia, con Firmat y la Argentina, es que la distancia se vio diferente. Estamos a 10 mil kilómetros, esa distancia depende del tiempo y el espacio. Antes yo sabía que con un avión estaba acá en doce horas, y era algo fácil. Eso me daba tranquilidad y mucha más cercanía. La pandemia me puso lejos, no podía viajar. Me puso la distancia enfrente de la cara: “estás muy lejos”. Los 10 mil kilómetros los veía todos los días. Eso me marcó.


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